Poemas cortos famosos de la vida y el amor

La poesía y los poemas cortos y famosos puede expresar emociones incluso en los momentos más intensamente alegres o dolorosos de la vida y el amor. Muchos poemas son famosos por las a veces apasionadas y a veces melancólicas palabras de los poetas.

Te ofrecemos los mejores poemas cortos de poetas famosos y populares que representan los mejores ejemplos de poemas escritos por poetas conocidos. También hemos escrito artículos sobre frases filosóficas cortas famosas.

La poesía es entretenida y también tiene la capacidad de ser educativa por lo que releer estos poemas cortos tienen el poder de moldear sus pensamientos. Los poemas cortos que incluimos tienen una extensión y un estilo muy variados, pero todos tienen como objetivo animarte y ayudarte a seguir adelante.

El remordimiento

 

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

La sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges

 

 

Romance del niño que todo lo quería ser

 

El niño quiso ser pez;

metió los pies en el río.

Estaba tan frío el río

que ya no quiso ser pez.

El niño quiso ser ave;

se asomó al balcón del aire.

Estaba tan alto el aire

que ya no quiso ser ave.

El niño quiso ser perro;

se puso a ladrar a un gato.

Le trató tan mal el gato

que ya no quiso ser perro.

El niño quiso ser hombre;

le estaban tan mal los años

que ya no quiso ser hombre.

y ya no quiso crecer,

no quería crecer el niño

se estaba tan bien de niño,

pero tuvo que crecer.

Y una tarde, al volver

a su placita de niño

el hombre quiso ser niño

pero ya no pudo ser.

Manuel Benítez Carrasco

 

 

La canción del pirata

Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,

no corta el mar, sino vuela

un velero bergantín;

bajel pirata que llaman,

por su bravura, el Temido,

en todo mar conocido

del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,

en la lona gime el viento

y alza en blando movimiento

olas de plata y azul;

y va el capitán pirata,

cantando alegre en la popa,

Asia a un lado, al otro Europa,

y allá a su frente Estambul;

—Navega velero mío,

sin temor,

que ni enemigo navío,

ni tormenta, ni bonanza,

tu rumbo a torcer alcanza,

ni a sujetar tu valor.

José Espronceda

 

Noche

 

Sobre la nieve se oye resbalar la noche

La canción caía de los árboles

Y tras la niebla daban voces

De una mirada encendí mi cigarro

Cada vez que abro los labios

Inundo de nubes el vacío

En el puerto

Los mástiles están llenos de nidos

Y el viento

gime entre las alas de los pájaros

Vicente Huidobro

 

Cancionero

Así paso la vida acrecentando

materia de dolor a mis sentidos,

como si la que tengo no bastase,

los cuales para todo están perdidos

sino para mostrarme a mí cuál ando.

Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase

para que yo pensase

un rato en mi remedio, pues os veo

siempre con un deseo

de perseguir al triste y al caído:

yo estoy aquí tendido,

mostrándoos de mi muerte las señales,

y vos viviendo sólo de mis males.

Garcilaso de la Vega

 

Serán ceniza

Cruzo un desierto y su secreta

desolación sin nombre.

El corazón

tiene la sequedad de la piedra

y los estallidos nocturnos

de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,

y sé que no estoy solo;

aunque después de tanto y tanto no haya

ni un solo pensamiento

capaz contra la muerte,

no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida

y en ella me confirmo

y tiento cuanto amo,

lo levanto hacia el cielo

y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,

cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

José Ángel Valente

 

Pausa

De vez en cuando hay que hacer

una pausa

contemplarse a sí mismo

sin la fruición cotidiana

examinar el pasado

rubro por rubro

etapa por etapa

baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras

sino cantarse las verdades.

Mario benedetti

 

Gacela de la terrible presencia

Yo quiero que el agua se quede sin cauce.

Yo quiero que el viento se quede sin valles.

Quiero que la noche se quede sin ojos

y mi corazón sin la flor del oro.

Que los bueyes hablen con las grandes hojas

y que la lombriz se muera de sombra.

Que brillen los dientes de la calavera

y los amarillos inunden la seda.

Puedo ver el duelo de la noche herida

luchando enroscada con el mediodía.

Resisto un ocaso de verde veneno

y los arcos rotos donde sufre el tiempo.

Pero no me enseñes tu limpio desnudo

como un negro cactus abierto en los juncos.

Déjame en un ansia de oscuros planetas,

¡pero no me enseñes tu cintura fresca!

Federico García Lorca

 

Ir y quedarse

Ir y quedarse, y con quedar partirse,

partir sin alma, y ir con alma ajena,

oír la dulce voz de una sirena

y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,

haciendo torres sobre tierna arena;

caer de un cielo, y ser demonio en pena,

y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,

pedir prestada sobre fe paciencia,

y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,

es lo que llaman en el mundo ausencia,

fuego en el alma, y en la vida infierno.

Lope de Vega

 

Oriente

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,

la copa de oro olvida que está de néctar llena.

Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,

toda en los ojos tiene su alma de soldado.

La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,

en la copa de Antonio las deja dulcemente…

Y prosigue su cuento de batallas y amores,

aprendido en las magas tradiciones de Oriente…

Detiénese… Y Antonio ve su copa olvidada…

Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,

y, sonriendo, lenta hacia sí la retira…

Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,

sella sus gruesos labios con un beso sonoro…

Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira…

Manuel Machado

 

Octubre

Estaba echado yo en la tierra, enfrente

el infinito campo de Castilla,

que el otoño envolvía en la amarilla

dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente

abría el haza oscura, y la sencilla

mano abierta dejaba la semilla

en su entraña partida honradamente

Pensé en arrancarme el corazón y echarlo,

pleno de su sentir alto y profundo,

el ancho surco del terruño tierno,

a ver si con partirlo y con sembrarlo,

la primavera le mostraba al mundo

el árbol puro del amor eterno.

Juan Ramón Jimenez

 

Cultivo una rosa blanca

Cultivo una rosa blanca

en junio como en enero

para el amigo sincero

que me da su mano franca

Y para el cruel que me arranca

el corazón con que vivo,

cardo ni ortiga cultivo;

cultivo la rosa blanca.

José Martí

 

Lo que dejé por ti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti

 

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día,

Y podrá desatar esta alma mía

Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera

Dejará la memoria, en donde ardía:

Nadar sabe mi llama el agua fría,

Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,

Venas, que humor a tanto fuego han dado,

Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo y Villegas

 

Hasta la carne

Otros dirán en verso otras razones,

Quién sabe si más útiles, más urgentes.

Éste no cambió su naturaleza,

Suspendida entre dos negaciones.

Ahora, inventar arte y manera

De juntar el azar y la certeza,

Se lleve en eso, o no, la vida entera.

Como quien se muerde las uñas cercenadas.

José Saramago

 

La voz a ti debida

No quiero que te vayas

dolor, última forma

de amar. Me estoy sintiendo

vivir cuando me dueles

no en ti, ni aquí, más lejos:

en la tierra, en el año

de donde vienes tú,

en el amor con ella

y todo lo que fue.

En esa realidad

hundida que se niega

a sí misma y se empeña

en que nunca ha existido,

que sólo fue un pretexto

mío para vivir.

Si tú no me quedaras,

dolor, irrefutable,

yo me lo creería;

pero me quedas tú.

Tu verdad me asegura

que nada fue mentira.

Y mientras yo te sienta,

tú me serás, dolor,

la prueba de otra vida

en que no me dolías.

La gran prueba, a lo lejos,

de que existió, que existe,

de que me quiso, sí,

de que aún la estoy queriendo.

Pedro Salinas

 

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde

-como todos los jóvenes, yo vine

a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería

y marcharme entre aplausos

-envejecer, morir, eran tan solo

las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo

y la verdad desagradable asoma:

envejecer, morir,

es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

 

Se equivocó la paloma

¿Se equivocó la paloma,

se equivocaba.

Por ir al norte fue al sur,

creyó que el trigo era el agua.

Creyó que el mar era el cielo

que la noche la mañana.

Que las estrellas rocío,

que la calor la nevada.

Que tu falda era tu blusa,

que tu corazón su casa.

(Ella se durmió en la orilla,

tú en la cumbre de una rama.)

Rafael Alberti

 

Lenta humedad

Sombra feliz del cabello

que se arrastra cuando el sol va a ponerse,

como juncos abiertos- es ya tarde;

fría humedad lasciva, casi polvo-.

Una ceniza delicada,

la secreta entraña del junco,

esa delicada sierpe sin veneno

cuya mirada verde no lastima.

Adiós. El sol ondea

sus casi rojos, sus casi verdes rayos.

Su tristeza como frente nimbada,

hunde. Frío, humedad; tierra a los labios.

Vicente Aleixandre

 

Hija del viento

Han venido.

Invaden la sangre.

Huelen a plumas,

a carencias,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.

Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

Pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma

porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik

 

Piedra negra sobre una piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,

un día del cual tengo ya el recuerdo.

Me moriré en París —y no me corro—

tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso

estos versos, los húmeros me he puesto

a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,

con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban

todos sin que él les haga nada;

le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos

los días jueves y los huesos húmeros,

la soledad, la lluvia, los caminos…

Cesar Vallejo

 

Oriente flores

A Ramón del Valle Inclán

Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,

la copa de oro olvida que está de néctar llena.

Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,

toda en los ojos tiene su alma de soldado.

La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,

en la copa de Antonio las deja dulcemente…

Y prosigue su cuento de batallas y amores,

aprendido en las magas tradiciones de Oriente…

Detiénese… Y Antonio ve su copa olvidada…

Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,

y, sonriendo, lenta hacia sí la retira…

Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,

sella sus gruesos labios con un beso sonoro…

Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira..

Manuel Machado

 

Qué tengo yo que mi amistad procuras

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío

pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:

«Alma, asómate agora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

Félix Lope de Vega y Carpio

 

Lo que deje por ti

Dejé por ti mis bosques, mi perdida

arboleda, mis perros desvelados,

mis capitales años desterrados

hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,

un resplandor de fuegos no apagados,

dejé mi sombra en los desesperados

ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,

caballos sobre el sol de las arenas,

dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.

Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,

tanto como dejé para tenerte.

Rafael Alberti

 

La aurora

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus

huesos que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes,

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencia sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidas de un naufragio de sangre.

Federico García Lorca

 

Vida

Un pájaro de papel en el pecho

dice que el tiempo de los besos no ha llegado;

vivir, vivir, el sol cruje invisible,

besos o pájaros, tarde o pronto o nunca.

Para morir basta un ruidillo,

el de otro corazón al callarse,

o ese regazo ajeno que en la tierra

es un navío dorado para los pelos rubios.

Cabeza dolorida, sienes de oro, sol que va a ponerse;

aquí en la sombra sueño con un río,

juncos de verde sangre que ahora nace,

sueño apoyado en ti calor o vida.

Vicente Aleixandre

 

Una rosa y Milton

De las generaciones de las rosas

que en el fondo del tiempo se han perdido

quiero que una se salve del olvido,

una sin marca o signo entre las cosas

que fueron. El destino me depara

este don de nombrar por vez primera

esa flor silenciosa, la postrera

rosa que Milton acercó a su cara,

sin verla. Oh tú bermeja o amarilla

o blanca rosa de un jardín borrado,

deja mágicamente tu pasado

inmemorial y en este verso brilla,

oro, sangre o marfil o tenebrosa

como en sus manos, invisible rosa.

Jorge Luis Borges

 

Insomnio

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?

Dámaso Alonso

 

Dame la mano

Dame la mano y danzaremos;

dame la mano y me amarás.

Como una sola flor seremos,

como una flor, y nada más…

El mismo verso cantaremos,

al mismo paso bailarás.

Como una espiga ondularemos,

como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;

pero tu nombre olvidarás,

porque seremos una danza

en la colina y nada más…

Gabriela Mistral

 

Te quiero

Te lo he dicho con el viento,

Jugueteando tal un animalito en la arena

O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,

Que dora desnudos cuerpos juveniles

Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,

Frentes melancólicas que sostienen el cielo,

Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,

Leves criaturas transparentes

Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,

Vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,

Te lo he dicho con la alegría,

Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:

Más allá de la vida

Quiero decírtelo con la muerte;

Más allá del amor

Quiero decírtelo con el olvido.

Luis cernuda

 

La calle

Es una calle larga y silenciosa.

Ando en tinieblas y tropiezo y caigo

y me levanto y piso con pies ciegos

las piedras mudas y las hojas secas

y alguien detrás de mí también las pisa:

si me detengo, se detiene;

si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.

Todo está oscuro y sin salida,

y doy vueltas en esquinas

que dan siempre a la calle

donde nadie me espera ni me sigue,

donde yo sigo a un hombre que tropieza

y se levanta y dice al verme: nadie.

Octavio Paz

 

Bajo el naranjo, lava

Bajo el naranjo, lava

pañales de algodón.

Tiene verdes los ojos

y violeta la voz.

¡Ay, amor,

bajo el naranjo en flor!

El agua de la acequia

iba llena de sol,

en el olivarito

cantaba un gorrión.

¡Ay, amor,

bajo el naranjo en flor!

Luego cuando la Lola

gaste todo el jabón,

vendrán los torerillos.

¡Ay, amor,

bajo el naranjo en flor!

Federico García Lorca

 

El Nuevo Coloso

No como el gigante plateado de fama Griega,

Con extremidades conquistadoras extendiéndose de tierra a tierra;

Aquí, en nuestras puertas en el atardecer bañadas por el mar, estará de pie

Una poderosa mujer con una antorcha, cuya llama es

La luz de los prisioneros y su nombre es

La madre de los exiliados. Su mano como faro

Brilla en bienvenida al mundo entero. Sus ojos dóciles comandan

La bahía ventosa enmarcada por las ciudades gemelas.

“Tierras de antaño quédense con su historias pomposas!” Exclama ella

Con labios silenciosos. “Dadme tus cansados, tus pobres,

Tus masas amontonadas gimiendo por respirar libres,

Los despreciados de tus congestionadas costas.

Enviadme a estos, los desposeidos, basura de la tempestad.

Levanto mi lámpara al lado de la puerta dorada!

Emma Lazarus

 

La fuente

Joven, te ofrezco el don de esta copa de plata

para que un día puedas calmar la sed ardiente,

la sed que con su fuego más que la muerte mata.

Mas debes abrevarte tan sólo en una fuente,

otra agua que la suya tendrá que serte ingrata,

busca su oculto origen en la gruta viviente

donde la interna música de su cristal desata,

junto al árbol que llora y la roca que siente.

Guíete el misterioso eco de su murmullo,

asciende por los riscos ásperos del orgullo,

baja por la constancia y desciende al abismo

cuya estrada sombría guardan siete panteras:

son los Siete Pecados las siete bestias fieras.

Llena la copa y bebe: la fuente está en ti mismo

Rubén Darío

 

Ozymandias

A un viajero vi, de tierras remotas.

Me dijo: hay dos piernas en el desierto,

De piedra y sin tronco. A su lado cierto

Rostro en la arena yace: la faz rota,

Sus labios, su frío gesto tirano,

Nos dicen que el escultor ha podido

Salvar la pasión, que ha sobrevivido

Al que pudo tallarlo con su mano.

Algo ha sido escrito en el pedestal:

«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad

Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:

La ruina es de un naufragio colosal.

A su lado, infinita y legendaria

Sólo queda la arena solitaria».

Percy Bysshe Shelley

 

Nocturnos

A veces, cuando en alta noche tranquila,

sobre las teclas vuela tu mano blanca,

como una mariposa sobre una lila

y al teclado sonoro notas arranca,

cruzando del espacio la negra sombra

filtran por la ventana rayos de luna,

que trazan luces largas sobre la alfombra,

y en alas de las notas a otros lugares,

vuelan mis pensamientos, cruzan los mares,

y en gótico castillo donde en las piedras

musgosas por los siglos, crecen las yedras,

puestos de codos ambos en tu ventana

miramos en las sombras morir el día

y subir de los valles la noche umbría

y soy tu paje rubio, mi castellana,

y cuando en los espacios la noche cierra,

el fuego de tu estancia los muebles dora,

y los dos nos miramos y sonreímos

mientras que el viento afuera suspira y llora!

¡Cómo tendéis las alas, ensueños vanos,

cuando sobre las teclas vuelan sus manos!

José Asunción Silva

 

Soneto 18

¿Te puedo comparar con el estío?

Tú eres más atractiva y más suave;

El huracán desflora a su albedrío,

Y el paso del verano es del ave.

La pupila del cielo es harto cálida;

La faz de oro amenudo palidece;

La más pura belleza queda pálida,

Pues todo en la Natura descaece.

Mas tú no puedes nunca marchitarte,

Tu belleza jamás se velará,

Y la muerte en sus sombras ocultarte.

Cuando acabes la senda, no podrá.

Mientras la humanidad no esté extinguida

Tu estío vivirá y te dará vida.

William Shakespeare

 

Canción de invierno

Cantan.

¿Dónde cantan los pájaros que cantan ?

Ha llovido. Aún las ramas

están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan.

los pájaros. ¿En dónde cantan

los pájaros que cantan ?

No tengo pájaros en jaulas.

No hay niños que los vendan. Cantan.

El valle está muy lejos. Nada…

Yo no sé dónde cantan

los pájaros (cantan, cantan),

los pájaros que cantan.

Juan Ramón Jiménez

 

Secreto de Amores

Nunca busques decirle a tu amor
El amor que nunca se dijo puede serlo;
Porque el viento suave se mueve
Silenciosamente invisible.

Le dije a mi amor, le dije a mi amor 5
Le dije con todo mi corazón
Temblando de frío en horribles temores.

¡Ah! ¡Se ha ido!

Poco después de que ella se fue de mí
Un viajero vino a las 10
Silenciosamente invisible:
Se la llevó con un suspiro.

William Blake

 

 

La lección

Sigo muriendo de nuevo.

Las venas colapsan, abriéndose como el

Pequeños puños de dormir

Niños.

Memoria de tumbas viejas,

La carne podrida y los gusanos

No me convenciste en contra

El desafío.

Los años

Y la fría derrota vive en las profundidades

Líneas a lo largo de mi cara.

Me entorpecen los ojos, pero

Sigo muriendo,

Porque me encanta vivir.

Maya Angelou

 

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